Se me ha roto una uña...
Se me ha roto una uña...
Pero ya está hecho, lo he matado, que era lo que se merecía. Era justo y necesario. Esa expresión la he escuchado yo en alguna misa, creo. Digo que no estoy segura, porque creer y misa en la misma frase, puede llevar a equívocos. Dios, tengo claro que no hay, porque si hubiera, no me tendría yo que ocupar de semejante embolada.
A lo que iba, que el problema está resuelto. Un cabrón menos. Ella no le iba a dar puerta en la vida, es demasiado buena. Aguanta, aguanta, aguanta... Y hay cosas que no se pueden aguantar. Para que un día me la mate a ella o a los críos, ya lo saco yo a él de la circulación.
Ha sido bastante fácil. Lo de tirarlo por el hueco del ascensor, no se lo esperaba. Lo rápido que ha caído. Ocho pisos.
Ventajas de conocer la finca y hablar poco.
Y una actuación magistral, tampoco lo voy a negar. Hasta pálida me he puesto. He esperado a que Rosa, la vecina del C, saliera con el perro y bajase el ascensor a la planta baja. He abierto con el duplicado de la llave maestra que bloquea la puerta del ascensor (que conseguí hace meses cuando me hice cargo de la portería). He salido al descansillo con mi carrito de la compra. Yo sé que a esa hora ella está dejando a los niños en el colegio y él está en casa sólo. Y de puertas para afuera es tan intachable, el cabrón. Pero las paredes oyen y yo ya lo tengo bien calado. Un tabique me separa del infierno de humillaciones y golpes. Se construye mal, ya lo sabemos todos, sin aislamiento acústico.
Así que he montado mi número de "pa´ habernos matao" hasta que ha salido de su casa: que se ha abierto la puerta y el ascensor no estaba, que casi me voy ocho pisos abajo, que cómo puede ser, que imagínate que no hubiera mirado, que si llega a caerse un chiquillo, que por Dios no te acerques ahí... que no está el ascensor, te lo digo yo...
El afán de comprobar, la curiosidad ha podido más que él, se ha asomado y cuando se ha dado cuenta, ya volaba. Un empujón seco con toda mi alma.
La policía ha sido muy amable. Les he explicado cómo he tratado de sujetarle y no ha podido ser. Ven la uña, agentes, rota. De intentar agarrarle. ¿A quién se le ocurre?
Tan joven, y deja familia, que horror, agentes, que horror. No le pude parar. Perder así el equilibrio, que pena, por Dios...
Ella va a renacer, de puro alivio, pobrecita mía.
Pero ya está hecho, lo he matado, que era lo que se merecía. Era justo y necesario. Esa expresión la he escuchado yo en alguna misa, creo. Digo que no estoy segura, porque creer y misa en la misma frase, puede llevar a equívocos. Dios, tengo claro que no hay, porque si hubiera, no me tendría yo que ocupar de semejante embolada.
A lo que iba, que el problema está resuelto. Un cabrón menos. Ella no le iba a dar puerta en la vida, es demasiado buena. Aguanta, aguanta, aguanta... Y hay cosas que no se pueden aguantar. Para que un día me la mate a ella o a los críos, ya lo saco yo a él de la circulación.
Ha sido bastante fácil. Lo de tirarlo por el hueco del ascensor, no se lo esperaba. Lo rápido que ha caído. Ocho pisos.
Ventajas de conocer la finca y hablar poco.
Y una actuación magistral, tampoco lo voy a negar. Hasta pálida me he puesto. He esperado a que Rosa, la vecina del C, saliera con el perro y bajase el ascensor a la planta baja. He abierto con el duplicado de la llave maestra que bloquea la puerta del ascensor (que conseguí hace meses cuando me hice cargo de la portería). He salido al descansillo con mi carrito de la compra. Yo sé que a esa hora ella está dejando a los niños en el colegio y él está en casa sólo. Y de puertas para afuera es tan intachable, el cabrón. Pero las paredes oyen y yo ya lo tengo bien calado. Un tabique me separa del infierno de humillaciones y golpes. Se construye mal, ya lo sabemos todos, sin aislamiento acústico.
Así que he montado mi número de "pa´ habernos matao" hasta que ha salido de su casa: que se ha abierto la puerta y el ascensor no estaba, que casi me voy ocho pisos abajo, que cómo puede ser, que imagínate que no hubiera mirado, que si llega a caerse un chiquillo, que por Dios no te acerques ahí... que no está el ascensor, te lo digo yo...
El afán de comprobar, la curiosidad ha podido más que él, se ha asomado y cuando se ha dado cuenta, ya volaba. Un empujón seco con toda mi alma.
La policía ha sido muy amable. Les he explicado cómo he tratado de sujetarle y no ha podido ser. Ven la uña, agentes, rota. De intentar agarrarle. ¿A quién se le ocurre?
Tan joven, y deja familia, que horror, agentes, que horror. No le pude parar. Perder así el equilibrio, que pena, por Dios...
Ella va a renacer, de puro alivio, pobrecita mía.


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