No podría describir su cara cuando abrió la caja....

No podría describir su cara cuando abrió la caja.
Miró al interior, emitió un pequeño grito y levantó la vista, sus pupilas se dilataron ampliamente sobre sus iris verdosos.
Tapó la caja rápidamente y luego la deslizó dejando una pequeña abertura. Volvió a mirar dentro. Su cuerpo estaba en tensión. Inclinó la cabeza levemente hacia la derecha.
- ¿Es para mí?- preguntó con un hilo de voz.
- Sí, es para ti. - respondí.
- No puede ser. - dijo con los ojos llenos de lágrimas. Temblaba de pies a cabeza. - No puede ser. ¿De verdad? Júramelo.
- De verdad. Te lo juro. ¿No lo vas a sacar?
Miro de nuevo dentro de la caja. Y sonrió. Creo que ni en un millón de años podría olvidar esa sonrisa abierta, la ilusión que irradiaba, con su carita arrasada en lágrimas de pura emoción.
Metió las manos en la caja y sacó delicadamente al cachorro. Se lo acercó a la cara y se miraron fijamente. El animalito emitió un ladrido agudo, de reconocimiento y comenzó a agitarse en sus manos, intentando acercarse. Marcos hundió su cara en el cuello del cachorro y este se giró para lamerlo alocadamente.
Una carcajada cristalina atravesó el espacio.

Dicen que lo único que necesita un niño para ser feliz es un perro. Y una madre que le permita tenerlo.

Comentarios

Entradas populares