¿Sabes que hay gente que plancha las bragas?

¿Sabes que hay gente que plancha las bragas? Hay gente para todo, chica. ¿Tú has oído eso de "orden exterior, orden interior"? Pues es un timo como otro cualquiera. Pero mira como triunfa la Marie Kondo. Yo veo que todo tiende al caos, fuera y dentro. Y que aunque tengas férreas disciplinas, como plancharte las bragas, el caos lo invade todo. Esto último lo supongo, porque yo no soy de férreas disciplinas, desde luego, yo soy inconstante, pero sincera. He tratado muchas veces de ser constante o vencer al caos, pero nunca lo he conseguido. Soy de naturaleza fluida, intuyo.
Es cierto que hay veces que atisbo el orden. Tras una paliza de establecer lugares para las cosas, cambiar cosas de lugar, intentar reducir el caos a lugares concretos como esta cesta, estos dos cajones, este estante del armario (que pienso que ordenaré otro día), limpiar moderadamente y privarme durante ese tiempo de hacer los millones de cosas que me parecen más interesantes que eso, miro a mi alrededor y siento una satisfacción y paz de unos 15 segundos de duración, que nítidamente, no me compensa.
Entonces pienso que tengo demasiadas cosas y que debería deshacerme de todo lo que no uso. Y lo intento, pero tampoco lo consigo. Porque las cosas me traen recuerdos. Porque yo lo que querría es un desván inmenso, con luz amarillenta filtrándose entre las tablas del techo, mostrando el polvo en suspensión, con baúles llenos de ropa antigua y elegante, espejos con márgenes grisáceos por el desprendimiento del azogue, pilas de libros desordenados, cajas de fotos con la fecha y el lugar escritos a mano en el dorso, cartas en paquetes, atados con cordeles, juguetes esperando niños, cunas para que duerman los gatos hasta que se necesiten y ropa de recién nacido cuidadosamente doblada, como una promesa.
Y dentro de mi cabeza hay tanto o más caos que fuera. Un tornado en constante movimiento. Incontrolable.
Ni unas bragas planchadas ahí dentro.

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