Cuando quiso darse cuenta, el camión de la basura desapareció de su vista.....
Cuando quiso darse cuenta, el camión de la basura desapareció de su vista. No había vuelta atrás. Aquello ya era irrecuperable.
Su padre iba a enloquecer.
No había otra copia del manuscrito. Tres años de trabajo al carajo.
Era un inadaptado de la era digital. Ni nube ni archivos de seguridad. Ni redes sociales, por supuesto, para él la personificación del mal.
Tampoco es que se perdiera gran cosa, valiente peñazo de libro, "Ensayo sobre la influencia de literatura rusa en la deconstrucción de los roles sociales, una aproximación".
Vamos, no me jodas. "Valium", lo podía haber titulado- penso Marc.
A tomar por culo todo. Se lo merecía.
La novia de tu hijo es sagrada, joder.
No se toca. No se pretende. No se seduce.
Ella era preciosa, impulsiva, sensual.
Y Marc no podía creer que le quisiera a él, un tío raro, reservado. Tenía a quien parecerse.
Pero su padre, jugaba en otra liga, el hijo de puta. Con un físico privilegiado, una gestualidad elegante, felina y una conversación viva, envolvente.
Cuando Marc vio como la miraba sintió una punzada de angustia, pero se convenció de que era cortesía, de que su padre no le haría eso, de que lo quería y lo respetaba.
Craso error.
Se había quedado en blanco en un examen de química computacional.
Escuchó los gemidos de ella en el piso de arriba en cuanto abrió la puerta. Se derrumbó en las escaleras, una angustia profunda nació del centro de su abdomen y le inundó hasta la última célula. No podía llorar. El gesto se le deformó sin que pudiera emitir ningún sonido, como una máscara de tragedia griega.
Se obligó a subir, su lado científico necesitaba una comprobación empírica. Y la obtuvo. A contraluz, ella sobre la cama con los ojos cerrados, su piel blanca y sedosa, la cabellera trigueña extendida a su alrededor, como un cuadro de Klimt. Agarrando las sabanas, arqueándose y emitiendo esos sonidos de animalillo con cada movimiento de la cabeza de su padre, enterrada entre sus piernas.
La desolación y una fría ira le invadieron.
Rumió su venganza en las horas siguientes.
Ahora ya estaba hecho.
Su padre iba a enloquecer.
No había otra copia del manuscrito. Tres años de trabajo al carajo.
Era un inadaptado de la era digital. Ni nube ni archivos de seguridad. Ni redes sociales, por supuesto, para él la personificación del mal.
Tampoco es que se perdiera gran cosa, valiente peñazo de libro, "Ensayo sobre la influencia de literatura rusa en la deconstrucción de los roles sociales, una aproximación".
Vamos, no me jodas. "Valium", lo podía haber titulado- penso Marc.
A tomar por culo todo. Se lo merecía.
La novia de tu hijo es sagrada, joder.
No se toca. No se pretende. No se seduce.
Ella era preciosa, impulsiva, sensual.
Y Marc no podía creer que le quisiera a él, un tío raro, reservado. Tenía a quien parecerse.
Pero su padre, jugaba en otra liga, el hijo de puta. Con un físico privilegiado, una gestualidad elegante, felina y una conversación viva, envolvente.
Cuando Marc vio como la miraba sintió una punzada de angustia, pero se convenció de que era cortesía, de que su padre no le haría eso, de que lo quería y lo respetaba.
Craso error.
Se había quedado en blanco en un examen de química computacional.
Escuchó los gemidos de ella en el piso de arriba en cuanto abrió la puerta. Se derrumbó en las escaleras, una angustia profunda nació del centro de su abdomen y le inundó hasta la última célula. No podía llorar. El gesto se le deformó sin que pudiera emitir ningún sonido, como una máscara de tragedia griega.
Se obligó a subir, su lado científico necesitaba una comprobación empírica. Y la obtuvo. A contraluz, ella sobre la cama con los ojos cerrados, su piel blanca y sedosa, la cabellera trigueña extendida a su alrededor, como un cuadro de Klimt. Agarrando las sabanas, arqueándose y emitiendo esos sonidos de animalillo con cada movimiento de la cabeza de su padre, enterrada entre sus piernas.
La desolación y una fría ira le invadieron.
Rumió su venganza en las horas siguientes.
Ahora ya estaba hecho.


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