Morirás cuando yo te diga.....

- Morirás cuando yo te diga, despojo.
- Ten compasión.
- ¿Cómo que ten? Será "tenga, Señorita". Otra hostia te va a caer.
- Tenga compasión, Señorita.
- Detecto un tonillo irónico en la palabra Señorita. No te estarás choteando de mí.
- No, Señorita. Perdón.
- No te perdono, no. Eso te lo aseguro. Compasión, dice. ¿Cómo la que tenías tu con tus alumnos?
- Yo...
- Tú eres un cabrón. Un cabronazo integral. Aunque me tire aquí todo el fin de semana no voy a poder equilibrar el daño que has hecho. Pero lo voy a intentar.
- No, por favor.
- Cállate... cállate. No me provoques. Tú que crees, ¿que puedes jugar así con el futuro y las ilusiones de la gente? ¿Que desde tú posición de poder puedes ejercer de reyezuelo en tu mierda de reino? ¿Hablar a personas que están indefensas por falta de experiencia como si no valieran nada, como si tú fueras mejor que ellas?
- Pero yo sólo quería que se tomaran en serio mi asignatura.
- ¿Tu asignatura? Claro. El puto centro del universo, ¿no? La piedra angular de su formación. No me jodas. Y no te preocupes, que yo también me he formado con esmero en tiempos bajo el agua y resistencia del cuerpo humano. Si te paras ya intentaré reanimarte, que no querría yo que se nos terminase la fiesta antes de tiempo.
- Otra vez no, por favor.
Inmersión controlada: el profesor está monitorizado, atado, de rodillas ante una cubeta. Sin defensa posible. La mujer le introduce la cabeza en la cubeta y lo mantiene hundido, controlando el monitor de frecuencia cardíaca. Taquicardia mantenida. El profesor se debate sin apenas margen de maniobra. Empieza a bajar la frecuencia. La mujer le saca la cabeza. Tose de forma convulsa e inspira con ansia.
- Tienes que esforzarte más. Así no vas a llegar a nada en la vida. Inútil.
- Por Dios, no lo haga. Estoy muy arrepentido, de verdad.
- ¿De qué? Cuéntame. En ascuas estoy.
- De todos mis errores.
- Uy, qué genérico. Un cero te voy a poner. Quieres otro chapuzón, por lo que veo.
- No, no, no. De haber hablado mal a mis alumnos.
- ¿Hablado?
- Y tratado. Perdón, le pido perdón.
- Sigue cantando, ruiseñor.
- Me equivoqué, pagaba con los chicos todas mis frustraciones, yo quería ser futbolista, era mi sueño, pero me rechazaron por torpe y por chupón, lo intenté con el baloncesto, pero ya ve usted que ni media hostia tengo...
- Sí, eso ya está demostrado, piltrafa
- Hice mal, me daban envidia, tan jóvenes, tan llenos de sueños, solo quería joderles, borrarles la sonrisa, obligarles a que me respetaran, como le respetan a usted, Maricarmen.
- Yo soy su profesora de Filosofía, gilipollas, vas tu a comparar.
- No me mate Maricarmen, por lo que más quiera.
- Te voy a dar una última oportunidad, aunque no te la mereces, porque no eres más que un cero a la izquierda, un montón de mierda y un pobre meón. Si aciertas la pregunta, te dejaré marchar. Por supuesto no dirás nada y explicarás las lesiones que puedas presentar como una desafortunada caída por las escaleras. Si fallas, ya te tiro yo a la piscina inconsciente después de probar otra inmersión de larga duración. Si hace falta te remato con el plinto.
- Padre Nuestro, que estás en los cielos...
- No te molestes, que no existe. Ahí va tu pregunta: ¿Qué asignatura impartes, Roberto?
- Ya lo sabes, Maricarmen. ¿Por qué me preguntas eso? Me vas a matar, lo veo en tus ojos.
- No me tutees, indeseable. Y contesta a la pregunta.
- Educación física, Señorita.
- No. Incorrecto, suspenso, mal. Un cero patatero. Game over.
- ¿Cómo que no? ¡¡Es Educación Física!!!
- Gimnasia, Roberto, gimnasia.
Termina ese Padre Nuestro, anda, que en cinco minutos lo saludas en persona. ¡Ah no, que no existe! Qué lástima Roberto, si hubieras atendido en clase...

Comentarios

Entradas populares