Es el primer viaje del abuelo en avión.....
13/2/2020
Es el primer viaje del abuelo en avión. Por mi boda. En Tokio. A él que no le gusta ni subirse a un coche... Y va a cruzar el mundo por estar conmigo. Por llevarme hasta el altar, de su brazo.
Lo quiero una jartá. Y él a mí.
Solos en el mundo, desde que yo tenía 6 años. La chimenea, mala combustión fue la conclusión, esa Nochebuena se durmieron para siempre mi abuela, mis padres y mi hermano. Yo estaba fuera, viendo las estrellas con mi abuelo.
En el cementerio me volví loca, no entendía que cerraran las cajas y las enterraran en el suelo. Para mí estaban vivos, como la Bella Durmiente. Mi abuelo me saco de allí en brazos, como a un bebé, acunándome y cantando bajito la canción de los pollitos.
Él, que nunca se había ocupado de mi madre, porque eran otros tiempos, me cuidó con esmero. Me planchaba la ropa, me hacia huevos fritos con patatas redonditas y doradas de bocado, me quitaba los piojos, me hacía las trenzas, me curaba las heridas con besos y me daba la mano hasta que me quedaba dormida y perdía la fuerza. Me enseñó todas las cosas que sé que son verdad.
Yo crecí bajo su ala, como los pollitos.
Y luego llegó el baile, que me trajo hasta Japón, con mi compañía. Y aquí me enamoré, de Uke, que sonríe con los ojos, como mi abuelo.
Ahí llega, del brazo de una mujer, habrá conseguido hacerse entender, no lo dudo. Me busca con la mirada, ya me ha visto, se vuelve y se despide de su acompañante con cariño, apretando el dorso de su mano.
Viene hacia mí, me va a estallar el corazón de alegría pura.
Tan guapo y tan valiente.
Es el primer viaje del abuelo en avión. Por mi boda. En Tokio. A él que no le gusta ni subirse a un coche... Y va a cruzar el mundo por estar conmigo. Por llevarme hasta el altar, de su brazo.
Lo quiero una jartá. Y él a mí.
Solos en el mundo, desde que yo tenía 6 años. La chimenea, mala combustión fue la conclusión, esa Nochebuena se durmieron para siempre mi abuela, mis padres y mi hermano. Yo estaba fuera, viendo las estrellas con mi abuelo.
En el cementerio me volví loca, no entendía que cerraran las cajas y las enterraran en el suelo. Para mí estaban vivos, como la Bella Durmiente. Mi abuelo me saco de allí en brazos, como a un bebé, acunándome y cantando bajito la canción de los pollitos.
Él, que nunca se había ocupado de mi madre, porque eran otros tiempos, me cuidó con esmero. Me planchaba la ropa, me hacia huevos fritos con patatas redonditas y doradas de bocado, me quitaba los piojos, me hacía las trenzas, me curaba las heridas con besos y me daba la mano hasta que me quedaba dormida y perdía la fuerza. Me enseñó todas las cosas que sé que son verdad.
Yo crecí bajo su ala, como los pollitos.
Y luego llegó el baile, que me trajo hasta Japón, con mi compañía. Y aquí me enamoré, de Uke, que sonríe con los ojos, como mi abuelo.
Ahí llega, del brazo de una mujer, habrá conseguido hacerse entender, no lo dudo. Me busca con la mirada, ya me ha visto, se vuelve y se despide de su acompañante con cariño, apretando el dorso de su mano.
Viene hacia mí, me va a estallar el corazón de alegría pura.
Tan guapo y tan valiente.


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