Te lo puto dije.
Te lo puto dije.
Que no fueras, que no se lo dijeras, que no hacía falta, que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero tuviste que hacerlo.
La sinceridad está tan sobrevalorada.
A veces creo que simplemente, la gente no sabe guardar un triste secreto.
Me quema, me quema, lo tengo que decir.
Así descanso, que me sentía fatal ocultándolo.
Pásala y que no vuelva, ¿no?
Ahora ya la pelota está en el tejado de otro, que se apañe o que lo cuente y siga la bola de nieve cogiendo consistencia.
"Tengo que hacerlo, lo tienen que saber."
¿Pero a ti que coño te importa, vamos a ver, lo que yo haga con mi vida?
La hermana perfecta, la responsable, la niña buena, con tu asqueroso novio reluciente y metomentodo y tus notas impecables.
¿Eso te da derecho a joderme la vida?
"Me preocupo por ti."
Y una mierda, te preocupas.
Nunca te ha importado quien soy, que quiero ni que sueño. Jamás.
No sabes nada de mí, ni lo vas a saber. No te incumbe. Mi vida es mía y hago con ella lo que me da la gana.
Y ellos tampoco van a sacarme ni una palabra sobre los últimos cuatro años. Eso lo sé yo y nadie más. Y ahí se va a quedar para siempre, en el fondo de mi cabeza.
"¿Por qué no me lo contaste? "
La confianza no se exige, se da sin esperar compensación en intimidades. Tú me cuentas algo íntimo (cosa que nunca te he pedido) pero yo también debería contarte algo personal para que se equilibren las fuerzas. El potencial destructivo. Tú no hablarás de lo mío porque sabes que yo podría hablar de lo tuyo. ¿Qué clase de relación es esa? La sostiene un chantaje, únicamente.
Yo sé guardar secretos. A la vista está.
No desvelo asuntos propios o ajenos, mendigando unos minutos de atención.
Odio los chismorreos. Son refugio de gente con la vida vacía, que necesita hablar de otros para intentar llenarla.
Ahora ellos van a sufrir, porque no lo entenderán, pensarán que es culpa suya, que fallaron en algo, que cómo es posible que no se hayan dado cuenta de que yo llevo desde los 16 años haciendo no se sabe qué ni se sabe dónde.
O peor aún, pensarán que soy mala gente, que no soy trigo limpio...
¿Dejarán de quererme? No me jodas...
No, Dios, eso no, por favor.
Yo creo que eso no. Espero que no.
Son mis padres. Igual que yo los quiero sin condiciones, a pesar de todo, ellos me tendrán que querer de todas formas.
Pero veré la decepción en sus ojos mientras aguanto la marea de preguntas que no voy a contestar. Supongo que con el tiempo me perdonarán.
Si no lo hacen, mataré al bastardo de tu novio. Con mis propias manos. Por levantar la liebre.
"A Ramón no le cuadraba" Entrometido, listillo, fisgón, cotilla, chismoso, husmeador.
No le cuadraba que no hubieran salido las notas de la Facultad ya. A finales de junio.
"Estabas muy rara, como distante."
Pues claro que lo estaba. Cansada de fingir. Muy cansada. Por eso iba a alegar que Medicina no era lo mío y que lo dejaba. Para volver a empezar de cero.
Pero no, el señorito detective de los cojones tuvo que ir a ver mis notas en el tablón. Porque él pensaba que había suspendido y no me atrevía a confesarlo.
"Pensábamos que podías andar en malos pasos."
En malas compañías, no te jode. Además de patéticos sois anacrónicos. Es que no os soporto, con vuestro aire de pareja consolidada que se apoya en cualquier circunstancia. Arcadas me dais. Que tenéis veinticinco años y parecéis cuarentones arrancados de una película de los cincuenta. A ti solo te falta un twin-set con la chaqueta sobre los hombros y a él ponerse brillantina en el pelo.
Y cuando no me encontró en el listado de ninguna asignatura ni como apta, ni como no apta, ni como no presentada, el hijo de puta, en vez de volver a contártelo a ti o venir a hablar conmigo, tiró del hilo. Vaya si tiró.
Deshaciendo mi tela de araña cuidadosamente tejida con silencios, ausencias, sobreentendidos, fabulación y alguna que otra falsificación necesaria para dar consistencia al enredo.
Fue a Secretaría y como en este país de correveidiles, con un poco de mano izquierda y una buena planta se puede dinamitar la discreción de cualquier empleado público, le comunicaron que nunca había estado matriculada allí.
Y ahí cayó la primera pieza del dominó.
Porque no se conformó con esa respuesta, claro. Pensó que el engaño sería algo limitado. Que quería estudiar otra cosa y me había matriculado a escondidas en Arte, Literatura, Dramaturgia o alguna otra carrera sin salida. Porque tenía buenas notas en Selectividad. O eso creíais.
Lo siento, esa persona no está matriculada en ninguna licenciatura ni diplomatura de esta Universidad.
Ahí ya soltásteis a vuestras jaurías, tras darles a olisquear una de mis prendas...
Y siguieron derrumbándose piezas de dominó, una tras otra.
No se presentó a la Selectividad.
No terminó Bachillerato.
No empezó Bachillerato.
No terminó la ESO.
Pidió un traslado de expediente por cambio de domicilio al terminar tercero de la ESO y nunca más volvimos a verla.
Mantener eso oculto en un pueblo de 40.000 habitantes tiene mucho mérito. Que eso no lo decís. Solo me sacáis pegas. Pero aunque no haya estudiado, está claro que tonta no soy, porque os habéis tragado todos el cuento completo.
De principio a fin.
De cabo a rabo.
Desde los 16 hasta hoy, hay una laguna de 6 horas diarias de lunes a viernes, de septiembre a junio. Súmale amigos ficticios, quedadas que nunca sucedieron, excursiones inexistentes, novios a los que nunca conocí.
Una estructura vital sostenida por mil detalles intrascendentes cuidadosamente planificados.
No voy a dar ninguna explicación.
Ninguna.
Ni una palabra.
Ni una disculpa.
Sí, os he mentido, os he engañado, me habéis descubierto, lamento vuestra decepción, probablemente no volveré a hacerlo, porque me tendréis en el punto de mira.
Pero no renunciaré a mi libertad en retrospectiva, de ninguna manera.
Tendré que abrir las puertas de mi mente y volar dentro, ya que será difícil seguir volando fuera.
No podías guardarme el secreto ¿verdad?
¿Y te llamas mi hermana?
Que no fueras, que no se lo dijeras, que no hacía falta, que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero tuviste que hacerlo.
La sinceridad está tan sobrevalorada.
A veces creo que simplemente, la gente no sabe guardar un triste secreto.
Me quema, me quema, lo tengo que decir.
Así descanso, que me sentía fatal ocultándolo.
Pásala y que no vuelva, ¿no?
Ahora ya la pelota está en el tejado de otro, que se apañe o que lo cuente y siga la bola de nieve cogiendo consistencia.
"Tengo que hacerlo, lo tienen que saber."
¿Pero a ti que coño te importa, vamos a ver, lo que yo haga con mi vida?
La hermana perfecta, la responsable, la niña buena, con tu asqueroso novio reluciente y metomentodo y tus notas impecables.
¿Eso te da derecho a joderme la vida?
"Me preocupo por ti."
Y una mierda, te preocupas.
Nunca te ha importado quien soy, que quiero ni que sueño. Jamás.
No sabes nada de mí, ni lo vas a saber. No te incumbe. Mi vida es mía y hago con ella lo que me da la gana.
Y ellos tampoco van a sacarme ni una palabra sobre los últimos cuatro años. Eso lo sé yo y nadie más. Y ahí se va a quedar para siempre, en el fondo de mi cabeza.
"¿Por qué no me lo contaste? "
La confianza no se exige, se da sin esperar compensación en intimidades. Tú me cuentas algo íntimo (cosa que nunca te he pedido) pero yo también debería contarte algo personal para que se equilibren las fuerzas. El potencial destructivo. Tú no hablarás de lo mío porque sabes que yo podría hablar de lo tuyo. ¿Qué clase de relación es esa? La sostiene un chantaje, únicamente.
Yo sé guardar secretos. A la vista está.
No desvelo asuntos propios o ajenos, mendigando unos minutos de atención.
Odio los chismorreos. Son refugio de gente con la vida vacía, que necesita hablar de otros para intentar llenarla.
Ahora ellos van a sufrir, porque no lo entenderán, pensarán que es culpa suya, que fallaron en algo, que cómo es posible que no se hayan dado cuenta de que yo llevo desde los 16 años haciendo no se sabe qué ni se sabe dónde.
O peor aún, pensarán que soy mala gente, que no soy trigo limpio...
¿Dejarán de quererme? No me jodas...
No, Dios, eso no, por favor.
Yo creo que eso no. Espero que no.
Son mis padres. Igual que yo los quiero sin condiciones, a pesar de todo, ellos me tendrán que querer de todas formas.
Pero veré la decepción en sus ojos mientras aguanto la marea de preguntas que no voy a contestar. Supongo que con el tiempo me perdonarán.
Si no lo hacen, mataré al bastardo de tu novio. Con mis propias manos. Por levantar la liebre.
"A Ramón no le cuadraba" Entrometido, listillo, fisgón, cotilla, chismoso, husmeador.
No le cuadraba que no hubieran salido las notas de la Facultad ya. A finales de junio.
"Estabas muy rara, como distante."
Pues claro que lo estaba. Cansada de fingir. Muy cansada. Por eso iba a alegar que Medicina no era lo mío y que lo dejaba. Para volver a empezar de cero.
Pero no, el señorito detective de los cojones tuvo que ir a ver mis notas en el tablón. Porque él pensaba que había suspendido y no me atrevía a confesarlo.
"Pensábamos que podías andar en malos pasos."
En malas compañías, no te jode. Además de patéticos sois anacrónicos. Es que no os soporto, con vuestro aire de pareja consolidada que se apoya en cualquier circunstancia. Arcadas me dais. Que tenéis veinticinco años y parecéis cuarentones arrancados de una película de los cincuenta. A ti solo te falta un twin-set con la chaqueta sobre los hombros y a él ponerse brillantina en el pelo.
Y cuando no me encontró en el listado de ninguna asignatura ni como apta, ni como no apta, ni como no presentada, el hijo de puta, en vez de volver a contártelo a ti o venir a hablar conmigo, tiró del hilo. Vaya si tiró.
Deshaciendo mi tela de araña cuidadosamente tejida con silencios, ausencias, sobreentendidos, fabulación y alguna que otra falsificación necesaria para dar consistencia al enredo.
Fue a Secretaría y como en este país de correveidiles, con un poco de mano izquierda y una buena planta se puede dinamitar la discreción de cualquier empleado público, le comunicaron que nunca había estado matriculada allí.
Y ahí cayó la primera pieza del dominó.
Porque no se conformó con esa respuesta, claro. Pensó que el engaño sería algo limitado. Que quería estudiar otra cosa y me había matriculado a escondidas en Arte, Literatura, Dramaturgia o alguna otra carrera sin salida. Porque tenía buenas notas en Selectividad. O eso creíais.
Lo siento, esa persona no está matriculada en ninguna licenciatura ni diplomatura de esta Universidad.
Ahí ya soltásteis a vuestras jaurías, tras darles a olisquear una de mis prendas...
Y siguieron derrumbándose piezas de dominó, una tras otra.
No se presentó a la Selectividad.
No terminó Bachillerato.
No empezó Bachillerato.
No terminó la ESO.
Pidió un traslado de expediente por cambio de domicilio al terminar tercero de la ESO y nunca más volvimos a verla.
Mantener eso oculto en un pueblo de 40.000 habitantes tiene mucho mérito. Que eso no lo decís. Solo me sacáis pegas. Pero aunque no haya estudiado, está claro que tonta no soy, porque os habéis tragado todos el cuento completo.
De principio a fin.
De cabo a rabo.
Desde los 16 hasta hoy, hay una laguna de 6 horas diarias de lunes a viernes, de septiembre a junio. Súmale amigos ficticios, quedadas que nunca sucedieron, excursiones inexistentes, novios a los que nunca conocí.
Una estructura vital sostenida por mil detalles intrascendentes cuidadosamente planificados.
No voy a dar ninguna explicación.
Ninguna.
Ni una palabra.
Ni una disculpa.
Sí, os he mentido, os he engañado, me habéis descubierto, lamento vuestra decepción, probablemente no volveré a hacerlo, porque me tendréis en el punto de mira.
Pero no renunciaré a mi libertad en retrospectiva, de ninguna manera.
Tendré que abrir las puertas de mi mente y volar dentro, ya que será difícil seguir volando fuera.
No podías guardarme el secreto ¿verdad?
¿Y te llamas mi hermana?


Comentarios
Publicar un comentario