Eres experta en corrientes, alternas y continuas.


Eres experta en corrientes, alternas y continuas.
De atención.

Las que más abundan son las alternas:
Personas que te atienden en ocasiones, dependiendo de las circunstancias, de sus intereses, siempre y cuando tú también lo hagas.
Tú también tienes este tipo de corrientes con mucha gente. Compañeros de estudios, de trabajo, familia lejana, vecinos...

Otras veces son algo más intensas, comportan una mayor simpatía, algún asunto más en común que mantiene el interés transitoriamente. Son corrientes alternas cómodas, tibias, fáciles de regular o manejar sin riesgo excesivo.

En ocasiones hay corrientes que simplemente no suceden o apenas, porque falla un extremo, el tuyo o el opuesto y no se llegan a establecer prácticamente.

Después tienes las corrientes alternas por tiempo o distancia:
Imprevisibles, tempestuosas y potencialmente peligrosas.
Atención constante  durante un primer periodo, recíproca, que crea la necesidad o la ilusión de conexión y se imbrica profundamente en la vida del otro o del uno.  Un cisma, a menudo de causa imperceptible y de consecuencias irreparables. Y  un segundo periodo de desaparición, de vacío, de tristeza, de incomprensión,  de culpa y remordimiento, de indignación y perplejidad.

Ya dentro de las corrientes continuas, tenemos en primer lugar, aquellas en las que el roce hace el cariño:
De intensidad variable, con frecuencia debidas a vínculos familiares, no tienen que implicar un entendimiento (o pueden ser un desencuentro persistente) pero por razones diversas (cariño, lazo de sangre, obligación, dependencia, compasión), persisten.  

Otras van más de la mano de la voluntad, con leves desequilibrios compensados, sólidas y estructurales. Fuente de seguridad y mimbre de los días comunes. Necesarias y apreciadas. De moderada intensidad.

Y por último están, gracias a los dioses, las corrientes continuas, que siempre fluyen:
Profundas, caudalosas e inevitables.
De alto voltaje.
Extraordinariamente raras y preciosas.
Con comienzos de alegría infinita.
Auguradas por una potente sensación de reconocimiento extraña e ineludible y la certeza de haber llegado, por fin, a casa.
Tejidas con puntos menudos y apretados, por largo tiempo.
Sin juicios, dejando que el uno u el otro se muestre y sea.

Es posible que haya momentos en que se mantengan ocultas e invisibles por pormenores de la vida, pero siempre están ahí.
Sin condiciones. Con adoración.
Por encima de cualquier inconveniente, de los errores, de los malentendidos, de la rutina, del tiempo, de la distancia o de la misma muerte.

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